lunes, 30 de noviembre de 2009

Marco Enríquez-Ominami, Pascal Allende y la Nueva Mayoría ¿La necesaria Vuelta de Tuerca?



x Fesal Chain
Sociólogo

He reiterado muchas veces, hasta la majadería, que en mis distintos documentos o artículos políticos, intento cumplir mi rol de sociólogo, tal cual se ha ido redefiniendo este rol de manera cada vez más enriquecedora desde el marxismo y su concepción de alienación, hasta el post marxismo y la sociología de Pierre Bourdieu. Lo anterior es de una importancia central, puesto que la suma de mis artículos más que una defensa de la sociología o de caminos políticos específicos, es una defensa de la comprensión de lo social y lo político, más allá de los deseos e intereses y de un permanente discurso agitativo, propio por lo demás del campo de la política y de los hombres y mujeres que la hacen en su pasión.

Como este artículo no trata de la sociología sino sobre la política, no me alargaré demasiado en el primer punto, que no es sino una definición epistemológica, que creo necesaria para el análisis posterior.

Parafraseando a Pierre Bourdieu en su texto Lección sobre la lección, “el sociólogo debe desprenderse de todas las adherencias, mediante las cuales un agente social se aferra a un grupo, sin renegar de las creencias constitutivas de toda pertenencia o identidad, pero renunciando a todo lazo de afiliación o filiación. Así, consciente de sus propios condicionamientos sociales no puede acceder a la lucidez que alcanza toda especie de “desarraigo social”, sino a condición de denunciar la representación populista del pueblo (que no engaña más que a sus creyentes), y la representación elitista de las elites (construida para engañar a la vez a quienes a ella pertenecen y a quienes no pueden alcanzarla).

Por intermedio del sociólogo, agente histórico históricamente situado, sujeto social socialmente determinado, la sociedad en la cual la historia sobrevive se vuelve un momento sobre sí misma, reflexiona y a través de ese individuo, los demás agentes sociales pueden saber mejor lo que ellos son, lo que ellos hacen. Pero esa tarea es precisamente la última que confiarían al analista del poder, quienes se encuentran comprometidos con el desconocimiento, la negación, el rechazo del saber y que están dispuestos a reconocer como “científicas” todas las formas discursivas que no hablan del mundo social o que hablan de manera tal que en realidad no hablan de él.” (1)

Pasando ya al análisis político, Andrés Pascal Allende otrora Secretario General del MIR, ha realizado importantes declaraciones en la Revista Qué Pasa y a su vez ha escrito un documento titulado “Votar por Marco es votar izquierda”. A mi juicio sus declaraciones son dignas de análisis y de contra argumentación. Desgraciadamente, y no sólo por la polarización política producto de la lucha electoral, en Chile se está haciendo costumbre descalificar de la manera más burda y personal, a quienes disienten ya no sólo del orden concertacionista, sino también de la propuesta arratista-comunista. Debemos salirnos de aquello. Pascal Allende ha planteado cuestiones que en primer lugar, lo catapultan nuevamente al escenario de la lucha política, cuestión no menor. En segundo lugar, ha realizado ciertas declaraciones, y no otras, que son significativas para el mundo de la izquierda en su conjunto.

Antes de entrar al análisis de lo planteado por Pascal, deseo fijar lo que ha sido mi análisis del fenómeno político de Enríquez-Ominami y en general de las candidaturas de la izquierda fuera de la concertación. Todo está escrito y nada puede ser borrado con el codo. Sin embargo cuando uno realiza ciertos análisis, los efectúa a la luz de los hechos existentes, hoy efectivamente se han constituido nuevos hechos sociales y políticos que efectivamente cambian los análisis. No sustancialmente, pero si los enriquecen de modo cualitativo.

He afirmado en múltiples artículos que el fenómeno Marco Enríquez, es un fenómeno político hijo del liberalismo. Plantié que su candidatura, se parecía mucho a una operatoria de la elite de la izquierda liberal, anti Tironi y crítica del Laguismo. Que prefiguraba y expresaba una fuerte pugna entre los socialistas liberales y los ex mapu y los laguistas ambos propiamente neoliberales. Y que era también una pugna clara y pura de poder al interior de la socialdemocracia entre los más izquierdistas y los derechistas, más que una diferenciación ideológica de fondo.

En suma, que la candidatura de Marco Enríquez y también en su momento la de Navarro y la de Arrate como escisión socialista, no eran la génesis de una nueva propuesta de la izquierda chilena para el Siglo XXI, sino la crisis de una izquierda de viejo cuño y la descomposición y la división de la ya fracasada apuesta concertacionista. La muerte de lo viejo y no el nacimiento de lo nuevo.

Hace una semana o menos Andrés Pascal Allende ha afirmado lo siguiente:

“Desde el término de la dictadura militar, ninguna elección presidencial ha tenido tanta importancia para la izquierda chilena como la presente. La base izquierdista de la Concertación no está dispuesta a seguir aceptando el reinado de las cúpulas partidistas con su suerte de cogobierno neoliberal con la derecha, su absoluta falta de voluntad de terminar con el binominal y democratizar el sistema político, su complacencia con la escandalosa desigualdad económica y social imperante en el país, y la impunidad de la corrupción y de los delitos de cuello y corbata”.

Y continúa: “Expresión de ese malestar fue el abandono de la Concertación de dirigentes como Navarro, Arrate y Marco Enríquez-Ominami, quienes levantaron candidaturas presidenciales en confluencia con la izquierda extraparlamentaria que el sistema binominal había mantenido por décadas en la marginalidad política. Se abrió así la oportunidad histórica de reconstituir una gran fuerza electoral de izquierda.

Así según Pascal: “Alejandro Navarro tuvo la lucidez de percibir esta realidad y, con consecuencia izquierdista, sumó las fuerzas del MAS a la candidatura de Marco. Pero lo que es sorprendente es que justo en el momento en que se profundiza el agotamiento del duopolio Alianza-Concertación y se ha abierto la posibilidad histórica de construir una mayoritaria izquierda progresista, el Partido Comunista haya optado por establecer un pacto con la cúpula concertacionista a cambio del apoyo de ésta a cuatro candidatos a diputados comunistas -que difícilmente saldrán electos- y por la oferta de participar en un -también totalmente improbable- segundo gobierno de Frei.”

Para terminar reafirmando que: “…Para quien sea realmente de izquierda es incomprensible que, por estrechos intereses partidistas, el PC se comprometa a apoyar a Frei, se preste a darle oxígeno a una moribunda Concertación y se reste al esfuerzo común de construir la Nueva Mayoría popular”.

Andrés Pascal tiene razón en algunos aspectos de carácter estratégico. Es muy cierto que “…desde el término de la dictadura militar, ninguna elección presidencial ha tenido tanta importancia para la izquierda chilena como la presente”. Y no es difícil de explicar: La alianza socialdemócrata neoliberal está en una crisis terminal, la izquierda más crítica de este neoliberalismo se ha desgajado, no es tan cierto que sean las bases concertacionistas como más bien la elite liberal a secas, que ha sido desafectada de los espacios de mayor poder.

También es cierto que esta elección es importante porque por primera vez desde hace 20 años dada la magnitud de la crisis de la concertación y sus fracturas, es posible conformar una nueva fuerza política no estrictamente concertacionista, aunque en gran proporción provenga de ella, e incluso como piensa Pascal con las fuerzas extraparlamentarias históricas, es decir con el partido comunista.

Y es cierto que se hace incomprensible que el partido comunista se haga aliado estratégico de un bloque gobernante en franca decadencia, que históricamente jamás fue una alternativa ni siquiera cercana ni a los diagnósticos, ni a las estrategias de la izquierda histórica comunista, que siempre levantó las banderas de construir un camino antineoliberal, equidistante de la derecha como de la concertación.

Hay cuestiones, eso si que Pascal no nombra ni esclarece, acaso porque no fueron interrogantes de la entrevista, pero tampoco lo hace en su documento:

Que efectivamente el proyecto de Enríquez Ominami es socialdemócrata y liberal, es decir que no se distingue sustancialmente de la propuesta concertacionista, sino en la profundización o mejor dicho en la activación de aquello que siempre ha sido agitado por la concertación pero nunca realizado. Vgr: “Terminar con el binominal y democratizar el sistema político, luchar contra la desigualdad económica y social imperante en el país, contra la corrupción y los delitos de cuello y corbata”. Pascal nada dice sobre el cambio del modelo monetarista, sobre la nacionalización de los recursos naturales o sobre un mayor rol del Estado en un modelo económico distinto al actual.

También se le olvida mencionar a Pascal lo que históricamente el mirismo levantó como objetivo central de la transición, sacar de los territorios sociales y políticos a un pinochetismo neo fascista, representado por los sectores más militaristas, por los agentes de la DINA-CNI-DINE, y por aquellos sectores políticos representados por la UDI y la ultraderecha de Renovación Nacional. Enríquez Ominami sólo ha criticado la traída de vuelta del dictador, pero no ha sido explicito en cómo se operará sobre estos sectores en el ámbito político, social, cultural, económico, judicial y policial.

Probablemente tanto por sus planteamientos de ciertos cambios, como por su origen y conformación, el proyecto ME-O, es la izquierda, pero Andrés Pascal debe reconocer que es la izquierda en una estrategia gradualista y socialdemócrata liberal en su programa y políticas y probablemente más cercana a los modelos europeos y no a la derechización socialdemócrata que se ha dado en Chile y que expresa la concertación.

Por otra parte, Pascal no nombra ni describe la conformación real del proyecto de Enríquez a nivel de la participación de fuerzas o destacamentos políticos y culturales en su interior, sólo habla de correlaciones de fuerza entre la izquierda y el liberalismo de derecha en su seno.

El proyecto ME-O es evidentemente, lo que yo ya había mencionado, una suma de sectores, primero de los socialistas desencantados de la proporción y lugar que ocupaban en la distribución del poder concertacionista, en el proyecto neoliberal de esta. Me refiero al mismo ME-O, Navarro, Carlos Ominami y otros sectores de la izquierda críticos de los príncipes socialistas y del escalonismo. Segundo y ya lo había mencionado, de un sector importante acaso el 30%, que proviene del liberalismo CEP o díscolos de derecha, los mismos que alguna vez apoyaron a Lagos y no a Lavín, y en tercer lugar, efectivamente de sectores que yo no había nombrado, esperando su expresión pública: importantes destacamentos miristas, provenientes tanto de la concertación como fuera de ella, representados por el mismo Pascal, por Marambio, probablemente Moreno, Torres y otros, y finalmente un sector de dirigentes miristas del Movimiento Democrático Popular (MDP), de los años `80.

Este artículo tiene como objetivo central, lo que propongo en las primeras líneas a propósito de la sociología: denunciar la representación populista del pueblo, y la representación elitista de las elites.

Con esto me refiero a una cuestión clave planteada por Pascal: “(Los) procesos (de crisis. Nota del Autor) comienzan justamente por una crisis en la elite. Y evidentemente que una persona que está formada en una elite -tampoco entre los más ricos, pero sí en una clase media acomodada- se forma con una seguridad de lo que es capaz de hacer. Miguel era igual”.

Pero el punto no es sólo ese y así fuera, prácticamente quedaríamos en lo mismo que la promesa inicial concertacionista. Y he aquí mi denuncia anticipada ya sea a la representación populista o la representación elitista del poder. Si se trata meramente de conformar una nueva elite, sería el proceso de una representación elitista, que seguiría en la lógica de la concertación que no es sino la lógica paternalista de la burguesía democrática y de la pequeña burguesía aliada a ella. Esta fue la visión de Eugenio Tironi al llegar de su doctorado en París sobre Emile Durkheim. Y obviamente fue la propuesta dominante de la concertación, la necesidad de cambiar a la elite cívico-militar, para que la nueva elite hiciese una oferta o promesa tan potente, que reencantara a las masas anómicas, después de sucesivas crisis económicas y políticas bajo el pinochetismo. Ya sabemos, por experiencia propia, que cuando se construye y rediseñan elites, se licencia al pueblo en su conjunto, y la vez se reconstruye sobre todo una casta política y militar susceptible de corrupción, de tráfico de influencias, de abusos y clientelismo.

Si se tratase en la propuesta de Pascal de prometer cambios del tenor que ha descrito, se puede caer fácilmente en un intento de representación populista, en el sentido de criticar a Pinochet pero seguir conviviendo y permitiendo el crecimiento y empoderamiento del pinochetismo, y a la vez prometer simbólicamente cambios de mayor justicia social e igualdad desde la economía, pero que desde las meras políticas públicas optimizadas o de una modificación en la política tributaria, no se proponen cambios reales a nivel del modelo monetarista, de la concentración de la riqueza, de la mayor participación en el producto de los trabajadores y en general de la transformación del descarnado modelo de libre mercado a ultranza. También fue la promesa concertacionista, en suma el liberal populismo del que nos habla Gabriel Salazar.

Sin caer en denostar el origen o determinación social de Pascal, pero si analizando sus propias declaraciones al respecto y su historia política, es posible atribuirle a el mismo una concepción elitista o desde arriba del cambio, muy cercano a la pequeña burguesía ilustrada chilena y a los dirigentes cubanos de la revolución, cuando justamente la crisis de la concertación no es solamente una crisis de las elites y de su oferta, sino en lo fundamental una crisis de representación del sistema político en su conjunto y a su vez de participación del mundo social y popular y de los cuadros políticos más progresistas de la izquierda en los procesos políticos y económicos de crecimiento y desarrollo. Por una parte no es menor que prácticamente casi 6 millones de chilenos y chilenas hayan construido una concepción individualista y liberal de sus vidas y de cómo enfrentar su problemas de sobrevida, y se coloquen afuera de la lucha electoral determinante y la ninguneen como un espacio y campo ilegítimo, no creíble, distante y decadente al fin y al cabo para sus propias pretensiones de cambio.

También olvida Pascal, y esto como un tema sensible al problema de la participación y acaso necesario cambio de mentalidad y cultura del mundo popular, que gran parte de los luchadores sociales y políticos contra el pinochetismo y especialmente la generación de los 80 fueron los verdaderos desterrados de los territorios sociales y políticos tanto a nivel local como central, y que la concertación ha construido más bien en base a operadores políticos una clientela en el Estado y en la sociedad civil y que nunca promovió genuinamente una participación de profesionales, intelectuales, artistas, gestores locales etc., etc., para el diseño y desarrollo de políticas sociales y construcción de un verdadero empoderamiento de la sociedad civil en general y del mundo popular en particular, en relación a sus capacidades de emprendimiento no meramente microempresariales, sino de gestión política de su propia vida.

Tan cual el mismo Pascal dice: “Hacer política es intervenir dentro de la lucha social y generar nuevas bases de poder desde la sociedad”. Y en el sentido de lo anterior se echa de menos una mirada menos vanguardista y más movimientista de la construcción de fuerza social y política popular, y aclaro, que si bien creo que las crítica de Pascal son enormemente superiores a lo que yo llamaría las renuncias del comunismo chileno, estas no bastan para configurar una apuesta de izquierda, desde donde justamente la izquierda se alimenta y crece, desde el mundo social y popular y su protagonismo, que en el discurso de Pascal está ausente o más bien lo configura como mera ciudadanía.

Una última cuestión respecto de las declaraciones de Pascal, cuando dice que: “…yo no estoy renovado, estoy tratando de ser lo más consecuente con mi pensamiento marxista. Porque una lectura marxista de la realidad da cuenta de los procesos históricos, de las situaciones y periodos de la lucha de clases y lo que hoy vivimos en Chile es el inicio de un proceso de crisis política y de cambio cultural tal como lo fue, en cierto sentido, el de los años 60”. Yo le creo en ese sentido, justamente por que al menos en su análisis va generando una discusión y una propuesta más realista de lo que sucede hoy, y por lo tanto más interesante y de mayor convocatoria, pero también más criticable o contra argumentable en el fondo y no meramente en las formas, como permanentemente uno se obliga cuando discute con la izquierda histórica.

Espero que este artículo cumpla su cometido, ser un análisis desde la sociología política de las limitaciones elitistas y populistas de la propuesta de Enríquez Ominami, que de ser consideradas, puedan generar un acercamiento mayor a una genuina propuesta de la izquierda, una nueva vuelta de tuerca, que avance sobre el neoliberalismo socialdemócrata y pinochetista, sin caer en la vieja tradición del liberal populismo inaugurado en su versión actualizada por la concertación.





(1) Ensayo de Fabián Sanabria S., construido, a manera de paráfrasis o versión libre y comentada, con base en la lección inaugural de Pierre Bourdieu presentada el 23 de abril de 1982 en la cátedra de Sociología del Colegio de Francia. Pierre Bourdieu, Leçon sur la leçon. Leçon inaugurale prononcé au College de France le vendredi 23 avril, 1982, Edtions du Minuit, Paris, 1982.


domingo, 22 de noviembre de 2009

La izquierda y sus valores



x Fesal Chain

Estas palabras son más bien reflexiones literarias de la política, pensé hacer un artículo propiamente político, sin embargo no tengo en estos momentos mucha energía realmente. El conocimiento que no es sino una develación, que uno realiza sistemáticamente durante toda una vida, a veces nos muestra realidades que no son tolerables en la cotidianidad y a mi también me pasa.

En mis artículos políticos he ido paso a paso y a veces adelantándome a los hechos, mostrando el viraje que nuestra izquierda histórica ha venido desde su política de alianzas, realizando hacia la socialdemocracia liberal. Pero de verdad no es el motivo central de este texto, por eso partí diciendo que era una reflexión más bien literaria.

Recuerdo el día de la caída del muro de Berlín, un 9 de noviembre de 1989, y a pesar de haber sido siempre muy crítico del estalinismo y de haber participado en algunas charlas y conversaciones con intelectuales y escritores de la perestroika en Chile y ser parte de aquella oleada de renovación del comunismo mundial en la década de los 80, aquel día no pude frenar mi pena y algunas lágrimas.

Evidentemente y nadie lo creería de otro modo, no por la caída de un muro que a todas luces era un sin sentido del comunismo europeo y mundial, sino porque con su desaparición caían las esperanzas de justamente redireccionar y renovar aquella propuesta de grandes logros para una parte importante de la humanidad. Lo mismo me pasaría con Cuba, si la revolución no fuera capaz de reestructurarse, de atacar sus males, de reinventarse y cayera estrepitosamente.

Intuyo que lo que Eric Hobsbawm decretó como el siglo corto, es decir el período que va desde el 1914 a 1989, aún no ha terminado. Las consecuencias de fin del comunismo aún se viven en los partidos y en la sociedad en su conjunto. De alguna manera la izquierda no logra asumir el shock que significó esta pérdida.

Algunos han girado hacia posiciones dogmáticas, donde campea e impera la nostalgia y la nula auto crítica del pasado, otros, hacia la negación de su propia historia y de los valores e ideas que levantaron ayer y algunos a un pragmatismo que también deja de lado ciertos valores esenciales e inaugura actos que violentan nuestras creencias más sentidas.

Albert Camus decía que vivimos un tiempo en que justamente los valores se colocan al final de la acción y no al principio. Así resulta que estos, que para el mundo griego eran los elementos que limitaban las acciones, ahora son meras convenciones identitarias, símbolos lejanos. Así la izquierda, pero no solamente la izquierda, sino que toda la sociedad vive en la desmesura, no hay ni habrá límites de ningún tipo para lograr los fines.

Esta reflexión no es un carta moral, pero es a su vez una carta valórica, en el sentido de entender que efectivamente los valores, cualesquiera que sean, hoy ya no son los elementos infraestructurales de las acciones e ideas, como tantas veces nos enseñaron cuando niños y a mi particularmente en la universidad en la carrera de sociología.

Allí explicábamos la acción social como esa "voluntad" e interacción con el otro que en su seno comprendía los valores y normas. Esto, era una definición muy clásica. Pero que siendo incluso conservadora, permitía romper las normas y ejecutar acciones contra el poder y los privilegios , justamente porque en su definición contenía valores, de esta manera, si queríamos imponer o seducir con nuevos y nuestros valores, se podía acometer la rebeldía estratégica de agredir lo social y lo político-institucional, para crear nuevas normas e instituciones.

Pero hoy, vivimos una época desmesurada, en la cual todo acto puede ser acometido y en donde nuestras creencias más profundas pueden ser olvidadas con tal de obtener ciertos logros. Esa es la dramática situación de estos tiempos que nos toca vivir y sufrir.

Por eso comencé esta reflexión con una frase un tanto triste "no tengo en estos momentos mucha energía realmente", porque mi mirada de la realidad social, la cotidiana, como también aquella sistemática sobre la izquierda, me ha ido mostrando que la derrota de una visión valórica es en estos momentos casi irremontable.

Primero porque la visión pragmática y amoral ha ido inteligentemente hilando el tejido de sus acciones de manera que avanza a pasos agigantados al logro de sus objetivos, y por otra porque las personas y en esto me siento en algo responsable, no logran entender que justamente es el avance del pragmatismo el que como fenómeno se ha ido construyendo y no el avance de los valores fundamentales que nos unieron y unen como izquierda, como desencantados, como críticos de la sociedad clasista.

Por mi parte he vivido tan sólo 20 años en una sociedad no dictatorial, la mitad de mi vida la viví bajo el fascismo y la matanza. Ello me permitió hermanarme con aquellos que heroicamente lucharon contra ese sable endemoniado del pinochetismo, levantando el valor de la vida, los valores de la igualdad, de la fraternidad y de la libertad ente los hombres. Soy depositario de la izquierda y de sus dirigentes y héroes, de los muertos de ayer y de los sobrevivientes, y si alguna vez el fascismo quisiera reinar con su muerte y oscuridad dictatorial sobre la patria, no dudaré jamás en ponerme a lado de las fuerzas de la izquierda más radicalmente democráticas.

Pero hoy nos estamos frente a la dictadura, incluso si ganara la derecha, estaríamos como dijera Marx en el Dieciocho Brumario, frente a la repetición de la historia pero tan sólo como comedia. Es por eso que me he permitido disentir, no lo habría hecho jamás frente una realidad trágica, ahí no sería ético ni oportuno. Pero hoy es necesario.

Chile es un país donde la izquierda es fuerte, donde la cultura de la justicia social,de la igualdad, de la fraternidad y de la libertad es mayoritaria. Y por ello es que es tan necesario que una izquierda genuina haga carne los valores históricos que se sintetizan a mi juicio en Allende con todo lo que él era, con sus errores y aciertos, con sus contradicciones también. La concertación no es ni mucho menos el allendismo. Y lo vimos claramente hace algunos días, cuando su candidato se atrevió a ponerle nota a un Presidente que murió defendiendo la democracia y la libertad (de la que el goza) y los avances de la clase obrera y el pueblo, y más encima tuvo la impudicia y la desfachatez de ponerle una nota deficiente.

Hoy no es el momento de parar a la derecha como si fuera el advenimiento de la dictadura y tampoco el momento de aliarse con aquellos que sólo usan los antiguos símbolos de la izquierda, pero que no desean actualizar los valores de plena igualdad y fraternidad en Chile, que no les interesa la reactualización a estos tiempos, del genuino allendismo de la unidad popular, tiempos donde el capitalismo, el individualismo y el egoísmo se han hecho dominantes.

A mi juicio ya es momento de aunar voluntades, desarrollar ideas, pero sobre todo levantar los valores que alguna vez nos hicieron gobernar Chile y en dictadura ser hombres y mujeres creíbles y respetados, es hora de la unidad, pero no bajo candidaturas u operaciones meramente pragmáticas o programáticas que en concreto al levantar alianzas políticas con la concertación borran de un plumazo todo aquello que levantan como valores e ideales.

Hoy es el tiempo precioso de la unidad valórica de los dominados, de los marginados, de los que tienen que luchar día día no sólo por el pan, sino por visibilizarse, por decirle a los chilenas y chilenas que también existimos, que tenemos voz, que tenemos proyectos, que somos parte de la patria, que queremos ser un aporte fundamental en la construcción de la justicia, de la igualdad y de libertad en este Chile del siglo XXI y que hemos estado acallados ya al menos 20 años.

Si me preguntaran a quién le abriría las puertas de mi casa en estas tardes de campañas y esto es muy cierto, si a mi casa quisieran entrar los candidatos yo le abriría las puertas sin dudarlo a Jorge Arrate, pero lo recibiría para leerle esta carta y decirle con mucho respeto pero también con firmeza que hoy es el momento de parar, de detenerse a pensar y de dejar de hacer la vieja política del pragmatismo y de volver a la clásica Grecia, volver a poner los valores que nos unieron, detrás de los actos, para limitarlos y darles la dirección correcta, para reconstruir y actualizar el socialismo de Allende contra la derecha y contra una concertación liberal, que ve en el allendismo el mal menor.

Actualizar el socialismo de Allende, el verdadero, no el de los meros símbolos,sino aquel que ayer hizo temblar a los dominantes y hoy es capaz de poner en riesgo los intereses de los poderosos de cualquier signo, y darle efectivamente esperanzas y espacios de poder y de mejor vida a los dominados de la historia.

martes, 17 de noviembre de 2009

ARRATE EL CANDIDATO INSTRUMENTAL DE LA CONCERTACIÓN


x Fesal Chain


Al terminar de ver el último debate presidencial, organizado por ANATEL, queda más que claro que votar Arrate es votar Frei, Arrate no es la izquierda autónoma de la socialdemocracia, ni el pacto que representa tampoco, lo que es una cuestión lamentable para aquellos que consideramos que en plena crisis de dominación de la socialdemocracia liberal, era posible aunar fuerzas y construir una alternativa de oposición de izquierda a la concertación.

¿Qué nos ofrece Arrate realmente, si en vez de competir con convicción política, aún sabiéndose perdedor, trata de modo permanente de llegar a acuerdos de apoyo incondicional a Frei, antes de ni siquiera terminar la campaña de primera vuelta?

¿Qué nos ofrece Arrate si la única propuesta política de fondo que realizó en el debate de ANATEL, fue el desesperado llamado a que la centro-izquierda en su conjunto aunara fuerzas con la socialdemocracia para vencer a la derecha? Su interpelación al resto de los candidatos no derechistas fue exactamente la misma interpelación y llamado del candidato Frei.

Lo dije en el artículo “En defensa de Jorge Arrate”, en G80, si Arrate en su evidente conflicto con la dirigencia PC, no era capaz de marcar una distancia real de la concertación, se convertiría en un cadáver político, al menos como alternativa de construcción de fuerza social y política autónoma de la socialdemocracia neo liberal.

De esta manera la izquierda tradicional muestra su profunda crisis, que raya en la impolítica, en la decadencia de su mensaje, dando una lucha ajena a si misma y a quienes dice representar, ¿Es la genuina propuesta de la izquierda el meramente aunarse al Freismo-Laguismo para vencer a la derecha? ¿Es tan pobre su razón de ser?

En mi opinión, la contradicción en el seno de la alianza del Juntos Podemos, entre los socialistas allendistas y el PC, se resolvió finalmente a favor de los comunistas y así el cuerpo de la propuesta Arratista-comunista está completo.

Por una parte el mismo Arrate a la vez que se negó a participar de un nuevo gobierno de la concertación si esta ganara, y sin caer en los minimalismos de la dirigencia PC, que ya levantaba a Frei hace meses, afirmó que está disponible a un acuerdo para votar por Frei, igualándose al llamado de Teillier en el Diario La Nación hecho en las últimas semanas. Al respecto su llamado de no participar de un gobierno concertacionista es meramente un mensaje simbólico de diferenciación de la candidatura de Frei, pero no engaña a nadie, si hubiese aceptado esa oferta de José Miguel Insulza, el mismo sabe que hubiese tenido que retirar su candidatura ipso facto y su presencia en la izquierda quedaría completamente anulada.

Por otra parte, existe un pacto único parlamentario donde se convoca a votar por los diputados de la concertación en 48 distritos donde el partido comunista y las demás fuerzas políticas se omiten, a su vez que el doblaje en algunos distritos también significará que los esfuerzos comunistas y arratistas permitirán que se elijan candidatos concertacionistas y finalmente hay llamados reiterados del mismo Arrate a formar un nuevo pacto social y político con fuerzas concertacionistas en el futuro. De esta manera los que defienden la actual política arratista-comunista como un mero pacto instrumental, evidentemente no pueden sostener dicha afirmación en los hechos. Lo que sea ha constituido entre el arratismo-comunista y la concertación es una alianza política profunda y no meramente electoral.

Así, todos los hechos demuestran que la dirigencia PC y hoy Arrate, lo que han hecho realmente es un diseño de ingeniería política para participar por etapas de la propuesta de gobernabilidad concertacionista, sin solución de continuidad o al menos previniendo los riesgos de una ruptura completa de lo que representan. Esa ha sido mi crítica permanente, no una defensa de posiciones maximalistas sino una afirmación de que la dirigencia PC y Arrate, con una política muy pensada, han dado un viraje a la estrategia de la socialdemocracia socialista y DC sin tener que desarmar el partido y volcarse a nuevas militancias individuales o grupales, como fue el proceso del 1989 de Unidad Socialista.

Los únicos contentos con esta anti-política de los dirigentes comunistas y hoy de Arrate, son los personeros de la concertación, que está en crisis terminal. Si gana la derecha probablemente se abrirá una etapa de recomposición de las propuestas más acertadas frente a la probable derrota parlamentaria y presidencial de aquellos dirigentes que han puesto al pueblo de izquierda en un camino sin salida entre dos opciones neo liberales, sin la capacidad de construir una fuerza social y política propia.

Nunca aquellos que hemos sido críticos de lo que la dirigencia comunista-arratista realiza, hemos estado en la ultraizquierda como se nos quiere caricaturizar, ni defendemos una política meramente de construcción de fuerza social ajena a la lucha electoral, al menos por mi parte defendí una política electoral autónoma de construcción de fuerza social y política y a su vez de efectivas negociaciones y no de meras subsumisiones sin poner condiciones al bloque gobernante.

Habemos muchos comunistas y personas de izquierda que definitivamente estamos en desacuerdo con los Sres. Arrate, Teillier y Carmona, que a mi juicio, están hundiendo al partido comunista y a las fuerzas históricas de la izquierda como opción autónoma, como expresión del profundo desencanto de los pobres y excluidos socialmente y de la construcción de una propuesta antineoliberal y popular genuina.

Estamos en desacuerdo y seguiremos persistiendo en formar a largo plazo una fuerza social autónoma de la concertación y la derecha, como históricamente el partido lo levantó en congresos y plenos durante el período de los 15 años entre 1990 y el 2005.

Frente a los porfiados hechos a estas alturas, ya las palabras sobran.